martes, 11 de agosto de 2015

Un día para el trabajo


Como parte del comienzo de ciclo en la universidad me dijeron escribiera una crónica. Estoy acostumbrado a escribir en mi blog, pero no sé hasta qué punto llegan a ser una crónica de verdad así que veremos que nos puede salir.

Fotografía La Prensa Gráfica (Yo adelante)



Tengo que escribir sobre lo que hago en el trabajo pero me decidí no escribir sobre eso y no es que lo menosprecie pero creo que es más interesante el escribir sobre cómo es un día camino a mi trabajo, así que arrancamos.

Si esto fuera algo más parecido a un cuento lo comenzaría como “Había una vez un joven de 27 años, estudiante de la UTEC se levantaba todos los días a las cinco de la mañana” pero no es así, no es un cuento y aparte la narración la tendré que hacer en primera persona, entonces diferimos un poco y comenzamos por algo no tan diferente, ya que despierto tipo cinco de la mañana y justo como una maña que tenemos los que vivimos en pleno siglo XXI agarro mi móvil y veo lo que ha pasado alrededor mío mientras dormía, en tuiter pasan: muertos, trafico, etiquetas o hashtag, más muertos, ningún mensaje en Whatsapp (que se extraña cuando te acostumbras a uno) y un país levantándose de un pos-miedo después de los rumores de los paros de buses.

Al poner un pie fuera de la cama, me dedico a realizar el ritual de siempre: agua, baño, ducha, desayuno, cambiarse y encomendarse a un Dios que es lo único que nos queda. Pasando de mi colonia no falta uno que otros “buenos días” en la calle y el clásico “Yo la conocí en el taxi” u otro hit al estilo “microbusero”.

Soldados, encapuchados, audífonos, revolver, flores, canastos, mas pistolas, mas uniformados, tanques de guerra y tráfico es lo que te encontras de camino en una de las capitales mas violentas de todo el mundo, donde te las tenes que ingeniar para andar un Smartphone y los par de dolares que te acompañan y aparte que no te los roben claro, donde te sentís seguro en medio del armamento pesado parecido a Ira. Ironico, porque el salvadoreño se siente protegido por gente con armamento que gente que no tenga. 


Cuando voy de camino pienso siempre en muchas cosas, en el trabajo por lo que tengo que innovar, pienso mucho en “esa persona” que no está, en el miedo que me daría encontrarme con una situación de peligro (por no decir pandilleros) y los estudios. Dentro de esa psicosis que el salvadoreño vive llego al trabajo ya pensando en la manera de como llegare a mi casa y que es buen tema para poder escribirlo, pero por el momento es mi historia de “un día para el trabajo”.

3 comentarios:

Unknown dijo...

¡Excelente crónica Víctor!

Unknown dijo...

Más que una tarea, es el talento que ya trae. Cultívelo siempre.

Anónimo dijo...

Vamos a beber con el Wicho mejor